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Travesía del Agua

Pedaleando por Galicia, la tierra de los más de mil ríos


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Dejamos atrás Tui y seguimos el Miño por un tortuoso y frondoso sendero

Activamos nuestro GPS en la Avenida de Calvo Sotelo de Tui y nos dirigimos a la catedral pedaleando por las estrechas calles del casco antiguo de la población.

Siguiendo el curso del Camino de Santiago Portugués vamos poco a poco dejando atrás la zona urbana hasta que, al llegar al río Louro, nos desviamos a la derecha y vamos en busca del Miño.

Llegamos a un sendero paralelo a nuestro ya compañero de aventuras, el Pai Miño, que durante un poco más de 8 kilómetros nos descubre rincones de gran belleza a la vez que nos entretiene por lo divertido de su trazado, con curvas sucesivas alternadas con tramos más abiertos.

Tras algo menos de 7 kilómetros asfaltados, en los que discurrimos por carreteras casi fantasmagóricas, vemos un impresionante puente sobre el río Tera, prácticamente en su desembocadura en el Miño. Este es el punto de partida de una pista que transcurre en medio de un denso arbolado y nos conduce a la población de Salvaterra de Miño, en la que durante 3 kilómetros circulamos por su carril bici,

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De este modo circulamos casi 24 kilómetros de manera ininterrumpida. Puro goce!

situado a orillas del río, y que nos brinda hermosas vistas. Por cierto que en este mismo punto descubrimos un curioso cartel a la puerta de una caseta que ofrecen bicicletas gratuitamente para su uso en el carril bici. ¡Eso es promoción!

El carril bici finaliza en una empresa de áridos, que tenemos que rodear para retomar nuestro camino siguiendo el curso fluvial. Lo que viene ahora son 24 kilómetros de puro gozo. Se acaba el término de Salvatierra y comienza el de As Neves pero, aunque cambie el nombre, para nosotros no supone alteración: sendas a veces más angostas, a veces algo más amplias, a veces técnicas -¡única caída de toda la travesía!-, a veces rodadoras. Pero siempre espectaculares por su belleza y su proximidad al Miño (de hecho, encontramos dos playas fluviales en el recorrido). Además, por la paz que encontramos: los caminos están en perfecto estado para rodar, aunque no hay apenas rastros de actividad humana en ellos, salvo algunos metros que ocasionalmente compartimos con el trazado del tren.

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No perdemos de Vista el Miño en todo el día

Aunque actualmente los caminos hayan sido resucitados y se mantengan a duras penas, están llenos de historia. De hecho en este tramo está la denominada Ruta das Pesqueiras y nos encontramos con numerosos ejemplos de estas construcciones con las que se facilita la pesca de la lamprea, y que se cree que habían sido utilizadas por los romanos.

En este punto -estamos en el kilómetro 46,5 de nuestra etapa-, subimos de nuevo a la línea de ferrocarril, pero para atravesarla. Un camino nos lleva en línea recta, ascendente, a unas casas entre las que podemos encontrar una fuente. Volvemos a entrar en un bosque de pinos y pronto vemos las primeras construcciones de Arbo.

Bordeando el campo de fútbol cogemos un divertido sendero descendente que casi nos saca 

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Playa fluvial de Portomaior

de la población, pues en seguida encontramos otro camino que nos devuelve al cauce del río Miño.

No obstante, remontamos el río Deva que desemboca en ese punto y gracias a un sendero perfectamente limpio y ciclable, llegamos a la playa fluvial de San Juan, un espacio perfectamente acondicionado en el que podremos descansar unos minutos a reponer fuerzas o sacar unas fotos del entorno y de su puente medieval.

Salimos a la carretera PO-400 (que une Salvaterra do Miño con As Neves), y la seguimos durante 4 kilómetros, hasta el kilómetro 52 de nuestra ruta. Desde este punto y hasta el 61, vamos pasando caminos entre aldeas, pequeñas carreteras sin tráfico alguno y divertidos senderos con aspecto de llevar ahí toda la vida. Un tramo animado en toda regla, que sin GPS resultaría imposible seguir.

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Una de las numerosas pesqueiras que nos encontramos en este recorrido

Ya en el 61 hacemos un cambio de orientación hacia la derecha, bajando de forma brusca hacia el río. Vemos el embalse de Frieira, pues pasamos por delante de sus compuertas mientras cruzamos el puente y cambiamos la orilla derecha del Miño por la izquierda.

Tras ascender unos metros por carretera, nos desviamos por entre las casas y en seguida volvemos a tener unas magníficas vistas al Miño, que remontamos mientras ganamos altura.

Salimos al asfalto para atravesar un nuevo puente, que en este caso salva el río Deva cerca de su desembocadura en el Miño. Nada más pasarlo, nos desviamos a la izquierda para no perder de vista nuestro Miño. Entramos en un denso bosque de robles y castaños que otorgan a los caminos un verde espectacular y poco a poco vamos perdiendo de nuevo altura hasta llegar a las primeras edificaciones de Cortegada, que no son otras que su balneario -reconocible, antes que por su 

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En los alrededores de Arnoia encontramos este sendero tan hermoso

arquitectura, por el característico olor sulfuroso de sus aguas-.

Atravesamos el pequeño núcleo urbano y bajamos casi a nivel del agua, donde nos espera uno de los tramos más espectaculares del día y quizás de la travesía: casi 2 kilómetros en un camino que discurre en un túnel de robles, a nivel de agua y con curvas y grandes piedras redondeadas, que aumentan la diversión al ciclarlo.

Como no podía ser todo perfecto, tras este tramo encontramos otro de 800 metros que zigzaguea entre árboles, salvando importantes desniveles, por lo que los ingenieros optaron por fijar el sustrato vegetal con troncos atravesados. De este modo, hemos de bajarnos de la bicicleta y cargarla por estas largas series de escalones de forma repetida.

Se nos hace interminable, pero en el kilómetro 75 volvemos a atravesar el Miño por una carretera en desuso, y tomamos altura 

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No todo el camino está abierto...

hasta llegar a la Ermita de San Xosé, enclavada en un paraje encantador lleno de castaños (¡por cierto, ojo con los erizos!) a la orilla del riachuelo del mismo nombre, que descendemos por un camino tradicional en el que encontramos alguna cruz que nos indica su importancia algún tiempo atrás.

Al finalizar este camino llegamos a la población de Filgueira, que atravesamos para descender por un camino algo descuidado a un antiguo puente, que fotografiamos.

Desde los kilómetros 79,2 al 81,5 subimos a la carretera PO-801, con poco tránsito y un buen arcén, pero que dejamos durante 4 kilómetros para transitar por pistas y caminos bastante cerrados, cerca del Miño pero con abundante vegetación que va cerrando el paso y nos da un poco agradable “masaje” exfoliante.

Afortunadamente, ese tramo acaba pronto y podemos retomar la PO-801 aunque la dejamos a los pocos metros para entrar por un camino tradicional a la localidad de Francelos. En ella callejeamos pero no por otro motivo que visitar su recóndita y original capilla, San Xes de Francelos, que contiene elementos prerrománicos, lo que la convierte en una pequeña joya.

Salimos de Francelos por caminos entre viñedos buscando, cómo no, el Miño, al que llegamos a la altura de una planta de 

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En el embalse de Castrelo de Miño

tratamiento de aguas. Este es el punto final de un paseo llano, amplio, con firme de tierra, que nos conduce a Ribadavia sin alejarnos ni un metro del cauce fluvial durante 2,5 kilómetros.

No siguiendo el curso del Miño, sino el del Avia, subimos por unos bonitos caminos pertenecientes al monte Santa Marta y llegamos a San Paio, donde nos encontramos con un espectacular mirador alembalse de Castrelo de Miño. Volvemos unos metros atrás y, por unos estrechos senderos entre viñedos, volvemos a retomar el nivel del Miño. Estamos en el kilómetro 93.

Desde este punto hasta el kilómetro 100 pedaleamos por caminos usados para el tránsito de agricultores: caminos no muy anchos, con encanto, y siempre cerca del agua. Desde este punto y hasta el 107 seguimos con poca interrupción la N-120, actualmente con poco tránsito, hasta que la dejamos para descender de nuevo al Miño.

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Sin abandonar el Miño nos vamos acercando a Ourense

Lo encontramos poco antes de llegar al moderno balneario de Laias, en el que arranca un bonito camino entre árboles que, tras tres kilómetros, nos conduce a la población de Barbantes. Salimos de nuevo a la N-120 para atravesar el río Barbantiño y, dejando atrás Santa Cruz, nos desviamos una vez más para buscar el cauce del Miño. Estamos en el kilómetro 115.

Ahora entramos en el camino que, una vez más, circula paralelo al río. De este modo, durante 6 kilómetros podemos rodar entre árboles de ribera por un entorno mágico hasta llegar a la zona deOutariz; nada más ver las instalaciones de las termas, cruzamos el Miño para llegar al denominadoPaseo das Ninfas, que durante algo más de 4 kilómetros nos acerca a Ourense por un camino ancho de tierra y bastante utilizado.

Unos metros más y accedemos al puente denominado Viejo o Romano, que atravesamos.